poesía

22. jul., 2021

Esperaba más de ti.

Que me dieras las buenas noches, por ejemplo

o que me invitaras a un café a las tres de la mañana

o que me leyeras un poema de John Keats,

pero la nieve, 

el cansancio de la oficina,

los rumores de la gente,

ese cuadro que tanto te disgusta,

el insomnio, quizá,

impidieron esa charla que tanto deseaba.

Tu respuesta fue lacónica,

sin brillo, gris, como la atmósfera,

y tu voz sonó lacerante cuando dijiste:

Tal vez cuando lleguen las gaviotas.

22. jul., 2021

Huir, ¿adónde?

¿De dónde?

No hay países, ni mares, ni océanos,

ni selvas, ni cumbres,

ni cielos, ni palacios,

ni ciudades, ni tesoros,

ni nada, ni nadie  

que tenga lo que llevo en mi corazón.

15. jul., 2021

Siempre lo mismo.

La tristeza, 

el dolor,

la angustia existencial,

lo absurdo de vivir,

esa locura que se llama soledad,

ese implacable paso del tiempo,

esa nostalgia en el fondo del armario,

ese desierto que siempre está al acecho,

ese frío del alma a altas horas de la noche,

ese andar sin rumbo fijo,

ese no saber por qué, ni cómo ni cuándo.

Y ya ves,

con este panorama desolador,

que, a veces, es la vida, 

yo cada día

me siento más feliz,

aunque peque de ingenua y de sencilla.

3. jul., 2021

La oscuridad, 

el silencio,

la soledad.

Y tú, esperándome siempre

a la misma hora,

en el mismo lugar,

allí donde el tiempo no existe

y la juventud nunca se marchita. 

22. jun., 2021

Tienes la idea.

La acaricias.

Ves a través de ella mundos insospechados,

astros insurgentes,

paisajes imprevistos.

Tienes la idea,

como un rayo,

la cultivas para que crezca,

la requiebras como a un amante celoso.

Tienes la idea.

A veces aparece en la noche,

acurrucada tras el viejo sofá,

como el ciervo herido 

por la flecha del cazador furtivo.