El mar

No. No soy el sueño que tú tienes,

Ni el pétalo marchito de la rosa. 

Soy la piedra que se pule con el frío.

Ignorada por tantos amaneceres.

Como cerca del mar. 

Me lleno los ojos de espuma, brisa y yodo.

Converso sobre las cosas más insulsas de la vida.

Vivo al albur de la furia encrespada de las olas

Y no veo otra cosa que el cielo amenazante de la borrasca.

La tempestad me alcanza en los tejados

Y me devuelve después

A la playa desierta

De donde nunca ya nadie me podrá rescatar.

 

La hoja suelta

De las pocas hojas sueltas que quedan en mi vida,

tú eres la más cierta.

La única que amanece todos los días.

Indefectiblemente.

Sin engaño,

Sin matices, 

Sin exigencias.

Emocionada

tras los cristales húmedos.

Anunciando que la escarcha ha huido con el viento

a ese paraje tan cercano,

en el que tantas veces te he buscado.

Y he vuelto siempre allí,

con mis manos vacías de tanto llanto,

y el deseo de encontrarte entre las liras de aquel álamo centenario.

Porque de todas mis hojas sueltas,

eres la única que me llama por mi nombre.

La única que me habla al otro lado del espejo,

donde me miro cada mañana.

La única que acierta al elegir el color blanco de mi piedra.

Porque sabes que mi voz será siempre la tuya.

Y que te hablaré más allá de los versos interrumpidos,

del instante fugaz en que te veo.

Siempre desde la soledad que no me llama

y del dolor que nos separa.

 

 

Orden y caos

Desde la contingencia de tu palabra

Hasta la desnudez de mi silencio.

Armonía de los contrarios.

Fusión de las almas 

En una lucha enconada por la supervivencia.

Parménides y Heráclito en constante pugna.

Tierra, aire, agua, fuego,

Los abarcas todos con mi silencio

Olvidado en algún rincón oscuro de tu palabra.

Como energía residual que conduce al caos

Y a la negación del espacio en que vivimos.

Orden y caos como la marea de color

Que se desprende de lo cotidiano

Y que aspira al silencio desnudo de tu palabra.

Del tiempo imperfecto a la paz que emerge de tu luz.

Última palabra que se funde en la blancura de mi silencio.

 

 

Recorrí milenios de eternidad

Recorrí todos los planetas en tu búsqueda.

A la caza y captura de un sueño de tu viento oscuro.

Crucé bosques de esperanzas.

Descubrí el llanto del niño

Y la soledad en las ramas de un árbol milenario.

Tu rostro era solo un espejismo

En aquel oasis desierto?

Fue cuando el tiempo se paró a mirarte

Y se enamoró de ti.

Desde entonces las lágrimas se estrellan en tu risa.

Se convierten en ríos, en mares, en lagos.

Los huracanes se sientan en las ramas de los sauces.

Y el frío se refugia en algún zaguán.

El color azul de la certidumbre despejó todas las dudas,

Cuando tus manos me hablaron de aquel mundo tan lejano y distante.

Y recorrí milenios de eternidad.

LA SELECCIÓN GENÉTICA DE LA RAZA

Hombres y clones

Serán mejor que máquinas. Los clones, como mecanismos de producción, levantarán edificios, construirán carreteras, puentes, limpiarán cristales, escaleras, subirán y bajarán maletas y, sobre todo, no tendrán ambiciones. Igual que sus predecesores: su carga genética se reproducirá indefinidamente. Su creador decidirá como ha de ser: altura, cociente intelectual, duración de la vida. Y las amenazas pesarán como sombras sobre su destino con enfermedades que se provocarán con una sencilla manipulación genética. Será el esclavo adscrito al trabajo dependiente del hombre, que más inteligente le dictará órdenes contra las que no se podrá rebelar. Decidirá el creador de los clones cuántos han de nacer y cómo han de ser. No creará clones inteligentes, no. No sea que alguien se rebele contra él y le reproche la falta de libertad. ¿Quién es él para decidir sobre su vida, el color de sus ojos, el tono de su voz, la expresión de sus sentimientos? El hombre decidirá sobre el hombre. El deseo nunca satisfecho de dirigir los destinos de su vida a través de la política, la economía, el arte. Y ahora también la ciencia. De someter su libertad dominando su inteligencia. Ha sido siempre un gran reto. Toda la historia ha sido el progreso del hombre por descubrir las claves del origen de la vida.. El clon será su obra culminante. Pero antes, mucho antes, o hace poco, en el siglo pasado, cuando el hombre esclavizaba a otros hombres o se imaginaba cómo sería una sociedad sin libertad, los métodos eran todavía rudimentarios. Las máquinas habían querido sustituir la fuerza física del hombre, pero este continuaba siendo superior. El descubrimiento del clon había equiparado las fuerzas.  El dominio había superado el ámbito físico para controlar el de la mente. Esclavos del cuerpo y del espíritu. Ni Orwell ni Huxley habían imaginado tanto.

Para conseguir sus objetivos, habían empleado los métodos más sofisticados. La sociedad del siglo XXI rechazaba la violencia física o verbal, pero era muy vulnerable a los mensajes ideológicos. Un vez sometido el pensamiento –destruidos los afanes culturales, impuesta la cultura del dinero- el hombre se plegaría fácilmente a consignas tan sugerentes como el derecho a la salud. ¿Quién se atrevería a oponerse a un valor tan importante como “la calidad de vida·? Aunque fuera a expensas de otro valor superior como el derecho a la vida. Silenciarían a los detractores con argumentos tan definitivos como el de que la individualidad no se inicia hasta el día 14 de la fecundación. Iniciarían programas de respeto a la Naturaleza. Mientras, los preembriones, embriones, fetos y enfermos marginales vagarían como espectros fantasmales en dos mil años de soledad.

El naufragio

Fue al final de aquella situación demoledora cuando las máximas autoridades de la nación, una vez restablecido el orden público, proclamaron el estado de lluvia perpetua para todos aquellos que estaban condenados a carecer del inelienable derecho al silencio. Porque el ejercicio de ese derecho coartaría las libertades individuales de los que habían estado exiliados y sus rostros habían aparecido sellados con la mueca del dolor en los pasquines que la publicidad subversiva se había encargado de difundir ( El naufragio)

De hombres y de clones

No arrancarán hojas de los árboles,

Ni  cogerán piedras volcánicas,

Ni olerán las rosas,

Ni mirarán las estrellas para que no se apaguen.

Mientras, los embriones, fetos y enfermos terminales

vagarán como espectros fantasmales

En dos mil años de soledad.

Debes dejarlo todo

Debes dejarlo todo,

De abandonarlo todo.

Hasta la más insignificante violeta que crece al abrigo de las tejas de tu casa.

Y partió sin equipaje y sin abrigo a la zona crepuscular de la tierra. 

Donde habitan los seres más insólitos

Y las noches no tienen madrugada.

Lejos, muy lejos de su casa.

Y se preguntaba en las largas noches de invierno

Cómo serían sus ojos, su voz, sus manos?

Y pasó cien mil horas de insomnio imaginándolo.

 

Cuando me vaya

Cuando yo me vaya y los bosques queden atrás

Y la ciudad vieja y solitaria se esconda entre los pétalos de aquella rosa vespertina.

Y empiece a ver las planicies desérticas de otras tierras, 

No me detendré a contemplar el paso del tiempo.

Me iré sin hacer ruido, sin alharacas,

Sin lágrimas,

Solo el murmullo de las hojas

Me acompañarán en mi destierro. 

Y tú seras cenizas con sentido.

Te miraré en lontananza,

Como siempre lo hice.

Sin pedirte nada,

Ni siquiera el recuerdo que brota de tu fuente.

No me acompañarán los grillos.

Ni las madreselvas acunarán mi canto de despedida.

Como una foránea que he sido siempre.

Como un eterno errante en tierra ajena.

Cuando ya no me veas ni sepas que yo te miro,

Me llevaré tus piedras sobre el hombro,

Y esculpiré tu nombre sobre la escarcha de la hierba.

Para que sepas siempre quién fue tu poeta extraño,

Que arrancó de la belleza las últimas espinas que tenía.

 

El vértigo de tu ausencia

Dejaste tu impronta en el dintel de la puerta.

Desde entonces los pájaros vuelan en dirección contraria

Y el amor se aleja cada día más de la órbita de Jupiter.

Las palabras entrelazadas en tus manos

Quisieron ahuyentar los augurios,

Pero ni los pobres supieron de aquel fracaso.

Los pájaros se acercaron lentamente a mi pregunta

Cuándo regresarán las amapolas a tu campo?

Ni Ezra Pound sabía la respuesta.

El universo entero se volcó en aquel pétalo 

Que dejaste olvidado encima de la mesa.

Y las rosas lloraron al vértigo de tu ausencia.

Más allá de la nostalgia

Más allá de la nostalgia, te divisa la ciudad.

Es la misma por la que andas diariamente: gris, frágil, sutil.

Siempre fría.

Más allá de la nostalgia, te evoco.

Es bonito mirarte desde lejos.

Más allá de las murallas que te aislan del resto del mundo.

De ese mundo atronador.

Rodeado de bosques frondosos,

De montañas que te buscan, de murallas que te cercan.

Eres inquietante visto desde lejos.

Veo tu imagen temblorosa en el fondo del río.

Y perfilarse tu silueta

Blanca y negra como la nostalgia.

Como un sueño evanescente.

Desde la nostalgia, la ciudad llora tu ausencia.

Estás lejos, me dicen los vientos.

Más allá de la Historia.

¿Más allá todavía?

Más allá del otoño y del invierno,

Del suceso imprevisible,

De tu vejez crepitante.

Desde lo alto la nostalgia te acaricia con sus manos húmedas.

Llama a tu puerta buscando un rincón donde dormir.

Y la ciudad te mira desde lo más hondo. A lo lejos.

Más allá de donde habita la nostalgia.

El sueño del ángel

El sueño del ángel

Yo te he soñado por caminos y paisajes desconocidos.
Te he soñado desde una mañana de invierno en un cielo gris y nublado.

Y he visto dibujado tu rostro en las aguas de algún río lejano.

Te he soñado pequeño y a la vez incierto, como un desierto en una noche huracanada.

Cuando te sueño, me gusta acariciarte como a una muñeca de porcelana.

He soñado tus jardines, tus flores, tus primaveras polvorientas, tus silencios rotundos.

He soñado tu frío como una espada en la noche oscura.

Yo te he soñado y te he perdido en mis sueños.

Y te he buscado por las calles de la ciudad, cuando nadie me veía.

Y  te he encontrado en mis sueños laberínticos,

donde las calles eran más estrechas y más largas.

Y llovía y llovía incesantemente.

Yo te he inventado por caminos de ternura o inhóspitos.

Te he inventado en la luz de una farola, descubierta en medio de su blanca desnudez,

o de un oasis blanco.

Sueños imperturbables que te recuerdan intacto.

Tal como eras.

Tal como eres.

Sueños tuyos que buscan también la mañana,

o el refugio en medio de una tormenta.

Yo te he inventado, desde la inocencia de un sueño,

buscando, en mi incertidumbre, el sueño del ángel.