poesía

18. ago., 2019

Hoy, 18 de agosto, ha muerto un amigo.

Ha dejado de existir en mi corazón y en mi alma.

Se ha muerto porque ha abandonado mi casa,

mis sueños, mis esperanzas.

No cultivaba el jardín

y se murieron las rosas, los geranios, las azucenas.

Se ha muerto porque ha cerrado su puerta 

a la ternura y al perdón.

Porque le ha dado la espalda al amor y a la paloma.

Se ha muerto porque en su corazón

habitaban víboras y alacranes,

porque era cruel y traidor.

18. ago., 2019

Yo ya no idealizo a nadie.

No espero nada de nadie.

Lo que me quieran dar

bien lo recibo

y si más tarde, me lo reclaman,

lo devuelvo.

Yo soy un saco de decepciones,

salvo algunas,

que siempre confirman la regla.

Me he acostumbrado

a recibir negativas,

como Diógenes delante de la estatua.

Y, como Diógenes,

voy con una linterna

por esta noche, que es la vida,

buscando un hombre y un poeta.

18. ago., 2019

El amor de un padre por su hijo

es tan fuerte que no lo tuerce el camino

ni los vientos del poniente

ni el destino ni la muerte.

Es tan alto que hasta las cumbres lo envidian

por no tenerlo en sus brazos.

El tiempo es el enemigo

que separa al padre del hijo.

El hijo quiere volar y el padre no lo detiene.

Es un amor acendrado, acrisolado en el fuego,

que no sabe de traiciones, ni mentiras.

El hijo es el sueño del padre,

su escalera, su luz más temprana,

su reto a la eternidad.

El padre conduce al hijo

por senderos que llevan al abrigo de los sauces,

le protege de las fauces del lobo,

y le muestra el infinito

en las noches de dolor.

El padre promete al hijo

la luna, los gigantes, el horizonte,

y el hijo anda despacio

por el camino

que solo el padre conoce.

Y cuando llega el silencio de la vejez

el hijo le dice adiós.

18. ago., 2019

Dichoso aquel

que huye el mundanal ruido

y busca la escondida senda

por donde han ido

los pocos sabios 

que en el mundo han sido

Fray Luis de León




Es difícil

en la era de la tecnología, 

de las redes sociales, de los móviles, 

del correo electrónico, encontrar

un rincón donde haya paz, 

donde no te torpedeen 

con inútiles mensajes.

En esta aldea global

del todo vale,

del cuídate a ti mismo,

del carpe diem,

ya no hay lugar

para escuchar

el silencio del alma

y la armonía del universo.

Dichoso aquel

que busca en esta barahúnda 

el sendero solitario,

la alta cumbre,

el cantar sabroso de las aves,

y se aleja por el bosque

donde viven los sabios 

que el mundo llama locos.

17. ago., 2019

Un cuadro de Kandinski 

con toda la fuerza de la primavera.

Ahí está, ¿lo oyes?

Es el sonido desgarrado e intrépido 

de la Dance of the Knights de Prokofiev.

Ahí van cabalgando los caballos de Franz Marc

dejando atrás montañas y ríos.

Cómo te gustaba las tardes de septiembre

escuchar bajo el porche frente al mar

The Second Waltz de Shostakovitz.

Cómo soñabas con los arlequines de Picasso

y el romanticismo de Love Dream de Liszt.

¡Cuánto llegaste a hablar de las lágrimas de Pigmalión

y de la luz artificial de Edward Hopper!

No necesitabas nada.

En tu jaula de cristal 

habitaban todos los mundos,

todos los universos y las galaxias

que ningún príncipe puede conseguir.