poesía

15. nov., 2020

Te di mi casa,

mis muebles,

mis largos pasillos,

mi sillón preferido.

Te di mis joyas,

mis perlas más recónditas,

mi tesoro oculto,

mis mapas sin huellas.

Te di mi dinero,

mis cuentas bancarias,

mis cheques en blanco.

Te di mi camino,

mis noches de insomnio,

mis largos silencios,

mis profundos lagos.

Te di mi cuerpo,

mi solitaria frente,

mis cabellos indómitos,

mis manos ebúrneas.

Te di mi cansancio,

mi duro trabajo,

mis sueños de bronce,

mis cartas sin límites. 

Te di mis otoños,

mis tardes de lluvia,

mi mejor corcel,

esa primavera que no tiene noche.

Te lo di todo.

Te di hasta la vida

y hoy me pides algo

que tanto deseas:

ese corazón que nunca te he dado.

8. nov., 2020

Eres manso, como esta lluvia de otoño

que apenas si hace daño.

Eres fuerte, como si nada ni nadie

pudiera vencerte.

Eres profundo, como ese poema

que leíamos de noche.

Eres sincero, porque sincero es el mar

que habita en tu alma.

Eres el amigo que nunca llega tarde.

Eres la voz, de certidumbre y belleza.

Eres la única palabra

que tiene un eco infinito.

3. nov., 2020

Me preguntas qué es la felicidad

y no sé qué contestarte.

Un pájaro se ha posado en la rama de aquel árbol.

Hay alguien ahora mismo

leyendo un poema de Lord Byron.

Un beso se ha perdido

y lo ha capturado el viento del sur.

En el jardín está el viejo de siempre.

A veces, la infancia regresa en forma de paloma.

Los campos están dorados para la siega.

Esta tarde ha llegado el circo al pueblo

y los niños han salido a recibirlo.

Se oye a lo lejos a alguien cantando una romanza.

Por la tapia del cementerio asoman los vencejos.

Todavía recuerdo el año en que el hombre pisó la luna.

Era verano y estaban las ventanas abiertas.

Un chorro de luz se cuela por las vidrieras 

de aquella iglesia gótica.

Es tan temprano todavía.

Me preguntas qué es la felicidad

y no sé que contestarte.

Tal vez buscar el rostro que se oculta tras las sombras.

30. oct., 2020

Cae la tarde.

El vencejo y el gorrión se esconden

bajo la rama de un árbol seco.

Otro día que pasa.

¡Qué corto el camino

y qué larga la espera!

28. oct., 2020

Te quiero,

no de forma distinta

a la que quiero a los pájaros,

al viento o a la lluvia.

No de forma distinta

a la que quiero a los cisnes

o a las azucenas

o a los campos llenos de trigales,

porque mi corazón es único

y vibra con la belleza cósmica,

con la armonía del universo,

con la nota desgarrada del violín,

con la pintura inefable,

lo mismo que vibra

cuando callas,

o cuando tu palabra

me sacude como un rayo

y entonces te quiero

en todas las cosas,

porque los límites desaparecen

y te quiero en mis actos,

aunque ya no haya nada que decir

y mi corazón

te quiera en otoño y en verano,

en el desierto y en la selva,

sin ambages,

con la furia y con la calma,

antes o después,

sin pasado y sin futuro,

en el hoy y ahora,

como este día que amanece.