poesía

22. abr., 2018

Y aparece la culpa, enorme,

como si te fuera a aplastar,

con sus garras oprimiendo hasta el último latido

de un corazón en llamas.

Te persigue en los sueños, en la soledad,

en el largo camino de regreso a casa.

Es una voz que llega de lejos,

que ruge en la oscuridad del alma,

o un rostro amarillento con los ojos desorbitados,

galopando en la noche.

Y te sientes minúsculo ante un gigante

que surge del mar,

que desciende de las cumbres,

que está en el desierto y se esconde en las cuevas,

que repite tu nombre sin cesar

hasta el hastío y la desolación.

Como una piedra sobre los hombros,

como la niebla sin fondo,

como un hombre que olvidó su futuro

y se empeñó en vivir en el presente,

entre el abismo y la nada,

como un pájaro enjaulado

que aspira a ser libre un día,

como un náufrago rescatado de su pasado sombrío.

8. abr., 2018

Dicen algunos desmemoriados

que no existes.

Que eres el engaño que se ha vendido al pueblo,

ingenuo e indefenso.

Dicen que no existes

pero tu voz se oye en el eco del viento.

Dice que no existes

pero se ve tu rostro en la luz del desierto.

Dicen que no existes,

pero tus huellas guían el camino del ciego.

8. abr., 2018

Anoche tuve un sueño

que cruzó todas las galerías de mi alma,

llegando hasta el abismo.

Aparecían calles con un destino adverso,

campos que bebieron del agua envenenada,

insólitos pajes que lo han perdido todo,

amantes sin recuerdos,

tal vez algún extraño paisaje.

Anoche tuve un sueño

que venía de lejos

con un hacha en la mano

y el eco de tu voz.

1. abr., 2018

A veces vuelvo al pasado,

creyendo, ingenuamente,

que en él se esconden los bosques

o aquel puerto al que nunca he de llegar.

Me quedo mirando fijamente a aquel pájaro

creyendo, ingenuamente,

que guarda el secreto del poema

que nunca he de escribir.

Desando los caminos

y nunca encuentro el mar

ni esa rosa que nace al filo de la espada.

Los recuerdos son siempre laberintos

y si un día encontrara la salida

sólo el polvo saldría a recibirme.

31. mar., 2018

A ti, libertad, te canto hoy,

que tengo las manos atadas

y el pecho en carne viva.

A ti, rodeada siempre por la oscuridad y el miedo,

luchando contra las últimas horas del diluvio.

A ti, que llenas de esperanza las calles vacías

y los campos estériles.

A ti, que habitas en los corazones insaciables,

en las lágrimas del prófugo,

en el grito del amor.  

A ti, que nadie sabe de dónde eres,

ni si llegarás nunca a ningún sitio,

porque cerraron tus labios

y te encerraron en una torre alta,

para que nadie supiera dónde vives

y nadie alcanzara a ver tu rostro.

A ti, libertad, te canto hoy,

con mi voz y mi furia y mi lamento.