poesía

17. jun., 2019

Lentamente, el tiempo va poniendo las cosas en su sitio.

Todo encuentra su lugar:

las cartas que nunca se leyeron,

las fotos polvorientas,

las puertas sin llave,

los cajones vacíos y destartalados,

la música del violín desvencijado,

las películas en blanco y negro,

el primer televisor,

el circo y sus leones,

Charlie Rivel aullando,

los sueños olvidados,

los héroes de la infancia,

Guillermo Brown, Astérix,

Shakespeare y La Divina Comedia.

Todo tiene su respuesta,

su porqué,

su lógica aristotélica,

después del largo silencio,

que a veces es la vida.

9. jun., 2019

Andar. ¡Qué extraño es andar!

Aparecer en las cataratas del Niágara,

en algún valle profundo de la sierra,

en la cumbre del Kilimanjaro

o en el desierto que tanto amó Lawrence de Arabia.

Andar para llegar a algún destino

que vaticinaron todos los oráculos

y nada se puede hacer para evitarlo.

Ir recogiendo en el camino

las flores sorprendidas,

aquellas que alegran nuestros días

o las que ya marchitó el tiempo cruel.

Ir deprisa o despacio,

asomarse por algún precipicio

o sentarse en el sendero que oscurece.

 Cruzarse con rostros suplicantes de cariño

o con aquellos que escrutan lo más recóndito.

Ser árbol o piedra, según el color del cielo,

o recibir al otoño, cuando ya no hay más remedio.

 

Andar. ¡Qué extraño es andar!

Llegar a tiempo a ver los huracanes,

sortear los vericuetos en la noche

y vadear algún río escabroso.

Andar y no olvidar nunca

que tenemos una cita con el mar.

26. may., 2019

Es una tarde oscura de noviembre,

cuando el mar hace tiempo que se ha ido

y las calles han dejado de soñar

esas muchachas de arena y mármol.

Entro en la tienda de música,

ajena al viento, al polvo del desierto, al ruido de los bares,

sin saber muy bien lo que busco.

Las tiendas de música son caprichosas,

como las princesas de Rubén Darío.

A veces te saluda un violín encaramado en la ventana

o te despide lentamente el Adagio de Albinoni.

Hoy me golpea el presagio

de que alguien me espera en esa tienda oscura y sórdida.

Alguien que está más allá del dolor y la muerte.  

Alguien que irrumpe con fuerza en mi vida.

Y al escuchar a Menuhín interpretar las Sonatas and Partitas de Bach

recupero ese amor

que el otoño me ha robado.

25. may., 2019

Aquellas lecturas de ayer hoy me abordan:

Guerra y paz, Ana Karenina, Cumbres Borrascosas.

Me retrotraen a un paisaje más lento que el de ahora.

Una luz que venía de lo lejos

alumbraba el espacio de los sueños.

Cuántas ciudades he visto,

cuánta gente he conocido,

cuántos amores he vivido,

en cuántas estaciones me he parado.

Sus vidas se cruzaron con la mía,

sus casas me acogieron en la noche.

Aquellas lecturas trajeron a mi vida

un río, una montaña, un pájaro azul

y un paraje ignoto en el que habito.

25. may., 2019

Era mayo de 1976.

Las 6 de la mañana.

Un día claro y nítido.

Por la ventana entraba el canto de los pájaros.

Un libro abierto sobre el sofá.

Mis últimos exámenes de bachillerato.

Yo era adolescente

y tú ya habías cumplido los 60 años.

Quizás por eso no percibí tu dolor,

ni oí la sirena de la ambulancia,

ni presentí el olor del sufrimiento.

16 años son muy pocos

y la amenaza de un examen

marcaba todo mi horizonte.

¡Bendita inconsciencia de la juventud!

Hoy me acompaña el recuerdo de aquel día

en que no supe vislumbrar la sombra de la muerte.