poesía

16. feb., 2020

Son todos ellos

luces que palpitan en la oscuridad,

palabras que se agitan sin remedio,

polvo que nunca amanece.

Están en la casa de cristal

paseando por los dédalos de un invierno sin fin.

¿Qué será de ellos cuando sus palabras ya nadie las recuerde?

Viven en el bosque helado de las sombras.

En un lugar incierto 

donde solo hay espejos

que les devuelven su imagen mortecina.

Son todos ellos

fantasmas que un día muy lejano renunciaron al mar.

16. feb., 2020

No tengo nada que envidiar.

Me ha sido dado el amor,

el canto del pájaro en las ramas,

la belleza del paraje ignoto,

la luz con la que conversar,

el ancho sendero por donde transcurro,

el bosque que acude siempre a la cita,

el duende que nunca me engaña,

la voz que me impulsa cuando el mar se aleja.

No tengo nada que envidiar

y, a veces, los sueños cumplen sus promesas.

14. feb., 2020

Ha llegado el otoño para quedarse.

No volverá más la primavera.

Me esperan tardes mustias 

y paisajes grises.

Los jardines abandonados

y el silencio de los parques.

Los bosques ya no me esperarán como antes

y la lluvia pasará de largo.

Nadie me abrirá sus puertas

y mi casa será lóbrega y vacía.

Ha llegado el otoño 

y ya solo quedan los recuerdos,

las sombras del pasado,

y un fantasma que cada día

me da las buenas noches.

14. feb., 2020

Voy cerrando carpetas,

ordenando armarios,

vaciando cajones,

rompiendo cartas y papeles.

Es la última vez que cojo este tren,

la última vez que me asomo a esta ventana.

Voy cerrando etapas de mi vida

e iniciando otras nuevas, más estrechas.

Ya no sé qué me deparará la vida,

si me quedan pocos puentes que cruzar,

si me sorprenderá todavía algún bosque,

si la lluvia será distinta

o me rodeará la monotonía de los parques.

No sé si habrá más tardes de septiembre,

si volverá el pájaro a mis ramas

o si su canto se apagará para siempre.

14. feb., 2020

Existe el día de la mujer,

el de distintas enfermedades,

el de la radio,

el de la música.

Existe el día de los enamorados,

el de la madre y el padre,

el de la poesía,

el de la paz,

el del niño.

Incluso existe el día de las montañas.

Casi todo aquello que incumbe al hombre

tiene su día, su fiesta, su homenaje.

Y pienso yo:

¿por qué no un día dedicado a la alegría

y proclamarla un derecho inalienable?