poesía

9. dic., 2018

Tu imagen aparece

en el fondo de algún sueño

y desaparece sin dejar huella

cuando la mañana pasea por las calles.

 

Tu imagen aparece

en el rayo deslumbrante

y se disipa en el silencio de la noche.

 

Me parece ver tu rostro

en el grito del cautivo,  

pero te ocultas

en el balbuceo del niño.

 

Solo espero algún día

ver tu imagen cierta y nítida,

que hoy solo es reflejo

de un amor más allá de la muerte.

9. dic., 2018

La esperanza es un pájaro que resurge del polvo y de la nada.

Un eco que oyen los presos en su torre.

Una luz que ven los ciegos en sus inquietos sueños.

Un recuerdo que brilla en la memoria del pobre.

 

La esperanza conoce los caminos inciertos

por los que andan los hombres de calles turbulentas.

Es la huella inexplicable, la llama inextinguible,

la que nunca se apaga, a pesar de los vientos.

 

La esperanza avanza, como un barco en la niebla.

Busca a tientas el vigor y la fuerza.

Aparece en el fondo de una página en blanco,

entre cientos de cosas que no sirven de nada.

 

La esperanza es la Ítaca eterna,

la que nunca se olvida,

la del último beso y el amor escondido.

24. nov., 2018

Sé que todo es pasajero,

la risa, el llanto,

los aplausos que encienden esa hoguera,

la lucha por no verme cada día en el espejo,

ese tiempo en el que el dolor es huésped del alma.

Todo es pasajero,

pero este grito que araña la noche

es tan largo,

tan cruel,

tan intenso,

que parece no llegar la madrugada,

cuando el pájaro eleva su canto

y convierte las traiciones en plegarias

a ese Dios que duerme entre las sombras.

17. nov., 2018

Subida en la barca que zozobra

en este mar bravío,

que amenaza con ahogar

sueños, esperanzas, anhelos.

Mientras tú duermes,

yo me enfrento, solitaria,

a la tormenta y el ruido.

Despierta, y que tu voz

se alce imponente

sobre la mar y el destino.

4. nov., 2018

He de aprender a verte en el silencio,

en tu lejana cercanía,

casi ausente del mundo,

y sin embargo, en el dolor tan intenso.

 

He de aprender a verte en los sueños que huyen,

en el placer de comerme un helado a medianoche,

en el ruido de las calles

o en las campanas que tañen a lo lejos.

 

He de aprender a verte cada día

en esas negativas tan rotundas

que cuajan de flores los jardines.

 

He de aprender a verte en ese rostro

que nunca se refleja en el espejo

y sí en el llanto de los hombres