poesía

17. jun., 2018

Disfruta del momento.

Que nadie te robe

el instante mágico de la belleza,

el cálido aroma que viste de verano.

Deja que el amor se refleje en tu rostro,

que todo sean risas y nunca tempestades.

Huye del frío y de los esquimales,

del escepticismo y de los agoreros.

Disfruta del momento

antes de que el tiempo

te convierta en una sombra fugaz e inexorable.

9. jun., 2018

Venid a mí, héroes de mi infancia y de mi edad perdida.

Traed el licor de los antiguos sueños.

Repetidme los versos inquietantes del lejano poeta.

Que nadie borre vuestras huellas en la arena.

Que nadie apague el sonido de vuestras trompetas.

Venid, altivos y triunfantes,

a defender vuestro honor y vuestra estrella

ante los reyes que hoy niegan la audacia y el valor,

ante los que huyeron por miedo a la tormenta,

ante los que olvidaron lo grande que es el mar.

Recread las viejas historias de druidas y profetas.

Inventad nuevos lances.

Conquistad para mí galaxias y planetas.

Venid, héroes de mí infancia.

Pisad con paso firme esta tierra que sangra.

Derrotad al gigante de las horas sombrías

y librad a la luz de tanta oscuridad.

8. jun., 2018

Quitadme, si queréis, el mar.

Arrancad de mis entrañas los sueños imposibles.

Negadme el misterio de la luz.

Dejadme en la soledad más absoluta.

Impedid que la lluvia cure mis heridas.

Todo lo resisto

como la roca golpeada por las olas,

como la casa asolada por el viento.

Os lo permito todo,

incluso que me arrebatéis la carta de amor

que leo cada noche.

Pero no olvidéis que el héroe se crece en la lucha,

que sólo muere el corazón esclavo de su sombra.

7. jun., 2018

Expulsé al mar de mi vida.

Sin más dilaciones busqué una ciudad lejana,

en un mapa donde no había más que escaleras

y ninguna montaña para decir te quiero.

Desde entonces

viajo por carreteras que nunca se detienen,

duermo en hoteles donde nunca amanece,

como los restos de un banquete nocturno.

A veces me encuentro con monstruos escapados de un sueño,

o en mitad de una calle luchando contra el fuego.

Me miro en el espejo

y veo el rostro pálido y yerto de la muerte.

Ya nada es como antes de que se fuera el mar

y todas esas cosas que se hundieron en él.

26. may., 2018

La vida se interrumpe en ocasiones

porque ha entrado una gaviota en la azotea

o alguien reclama sus derechos.

Es cuestión de minutos, de segundos tal vez.

Pero ya el horizonte no vuelve a ser el mismo,

ni las casas azules de nuestros sueños,

ni el crepitar de las hojas en otoño.

Es el destino que llama a nuestra puerta,

con una carta sin remitente,

firmada por el tiempo

y un montón de cosas que huyen hacia ninguna parte.